El periodismo, aliado de la literatura.

El periodismo, aliado de la literatura.

Arturo Guerrero (Colombia, 1946) estudió filosofía, es periodista y escritor.

Conversar con él es sostener un diálogo sincero, una invitación abierta a la imaginación. En esta charla nos lleva de la mano para reflexionar no sólo sobre periodismo y literatura, sino sobre la vida misma, con la experiencia, generosidad y sensibilidad que lo caracterizan.

E. ¿Qué te da el periodismo que no te brinde la literatura? 

A. Agilidad en el instrumento. El periodismo te obliga a identificar rápidamente dónde está el tema central, lo que llamamos noticia. El periodismo fomenta la curiosidad para vivir averiguando, mirando, preguntando, sorprendiéndote, al tiempo que adquieres fluidez verbal.

Uno derrota la dificultad de la página en blanco, porque no tienes tiempo de dudar o de pensar media hora, pues cierran el periódico o la nota debe salir al aire. Desarrollar estas habilidades es una ganancia a la hora de escribir literatura. Ejercer el periodismo es una gimnasia permanente que lo mantiene a uno en buena forma, así que cuando llega el tema literario, el embarazo de las problemáticas que uno quiere expresar, cuentas con unos mecanismos muy ejercitados que fácilmente salen a la luz, ganando velocidad. En buena manera adquieres cierta garantía de que no hay mucho pulir o cambiar a lo que escribes. Kapuscinski decía que prácticamente el resultado final de lo que escribía era un libro, y sus libros son una maravilla. Yo creo él también logró conquistar esta solidez en la palabra, en la manera de estructurar verbalmente los mecanismos reflejos gracias a su experiencia como reportero, esto es lo que el periodismo le aporta al escritor.

E. ¿Cuáles son tus obsesiones como escritor? 

A. La utopía, aunque sea un tema poco usual en este mundo tan escéptico y nihilista, considerado algo de locos, irrealizable o quijotesco.

En mi caso, pienso que tuve una infancia feliz y una adolescencia rigurosa de aprendizaje, Aprendí lenguas muertas, latín y griego que después olvidé, pero que quedaron en mi estructura mental y como fruto de eso siempre he sido optimista. De las cosas más terribles contemplo tanto el lado positivo, como el negativo. Lo que prevalece en mí es la parte luminosa de la vida. Soy más del sol que de la luna, más del día que de la noche. Me acuesto y levanto temprano, alrededor de las cinco y media o seis de la mañana, a esa hora todos los días salgo a trotar, corro, sudo, subo la montaña, genero endorfinas, facilitando que tenga una actitud positiva ante la vida. Tal vez en cierta medida, eso explique porque la utopía es el ángulo desde el que abordo los distintos temas sobre los que escribo.

E. ¿Tus libros de cabecera? 

A. Los libros del filósofo colombiano Nicolás Gómez Dávila, un sabio poco conocido en Colombia, cuya obra se condensa en lo que él llama “escolios”, frases de dos o tres líneas en las que sintetiza un pensamiento. Durante 40 años se dedicó sólo a leer y a escribir máximas en las cuales muchas veces retoma o refuta el pensamiento de un autor.

Dejó una biblioteca grandísima, sabía siete idiomas y leía únicamente en el idioma original en el que estaban escritos los libros. Ha sido traducido al alemán, italiano y francés. Su obra es mi biblia literaria, pues abarca temas históricos, políticos y filosóficos y está escrita en una prosa poética sumamente económica a la que no le sobra ni una coma, mucho menos una palabra.

E. Kapuscinski decía que los cinco sentidos del periodista son estar, ver, pensar, compartir y oír. Desde tu perspectiva de filósofo, ¿agregarías algún otro elemento?

A. La contemplación, en el sentido de pasar por la cabeza y el corazón las cosas que uno ha visto, los lugares en los que ha estado y los temas que ha investigado para encontrar ángulos distintos. La palabra recordar significa volver a pasar por el corazón y esto puede facilitar que uno escriba con un matiz que nadie haya visto. Me parece que justamente la originalidad no está en el tema, sino en el tratamiento. También agregaría que es importante expresar de una manera acorde a lo contemplado, pues si a través de la contemplación encuentro un matiz inédito, entonces tengo que buscar un lenguaje, una estructuración narrativa y unas palabras diferentes. A este respecto el periodismo se acercaría a la poesía en su experimentación verbal, lo cual es un desafío.

E. ¿Cómo responder a este desafío? 

A. Me parece que los periodistas pueden entrar al territorio de los escritores y saquear lo que les provoque. Todo. El periodista debe también tener de poeta y de novelista, obviamente no en el sentido de que invente la noticia, porque tiene que guardar las características de su oficio; pero sí en el sentido de la experimentación y la audacia para enfocar otros ángulos de la realidad. Por un lado, el periodista puede atreverse a inventar géneros o a fundir géneros periodísticos con libertad y entonces hacer crónicas o reportajes e incluso noticias, escribiendo un poco con el discurso de la poesía o con el discurso de la narrativa. Esto está por construirse y va más allá del nuevo periodismo norteamericano, porque ellos tomaron las técnicas de la novela pero no se apartaron nunca de la realidad inmediata y fáctica. No penetraron en otras dimensiones de la realidad como la de los sueños por ejemplo, la de las premoniciones, la de las ilusiones que son ocultas pero son reales, existen y si el periodismo tiene que dar cuenta de lo real pues esa es una zona de lo real.

E. Hablando del periodismo como arte ¿cómo logras que tus textos se conviertan en algo universal? 

A. Originalmente yo no pienso en los lectores. Pienso en mí, en que lo que escriba suene a música para mí. Confío en que la gente tiene oído musical. El periodismo que hago es así, es un poco literario, me gusta que sea así. Habla de la realidad y de la actualidad, obviamente no está hecho en verso sino en prosa. Pero para mí no es tan importante lo que se dice sino cómo se dice.

Si la verdad uno la tiene clara, si a uno lo atormenta esa verdad; entonces no da lo mismo decirlo de cualquier manera. Se tiene qué decir con una lanza que penetre y haga estragos en el estómago del lector.

Entonces, habrá algunas personas que recorten tus textos y los coleccionen y confío en que eso va a durar años, irá haciendo mella, forjando algún tipo de sensibilidad.

E. ¿Qué historias te faltan por contar? 

A. Escribir cómo se trasmite de una generación a otra una experiencia. Tengo una hija que estudió Literatura en Paris y el proceso con ella ha sido muy rico, interesante y estrecho, así que quiero contar eso. Siento que le trasmití algo, no por el hecho de que estudió Literatura, sino por el ser humano que es. Quisiera saber cómo podría contar como papá o como persona ya más experimentada, el trasmitir algo que la vida le ha enseñado, no con palabras porque esto no es con discursos, sino con la vida, como por cierta ósmosis.

De ahí en adelante no lo sé, ya vendrán nuevas historias…

Sigue @ArtGuerreror

Foto tomada de  El Colombiano

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