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Escribir en cursiva, emergencia cultural.

Escribir en cursiva, emergencia cultural.

¿Cuánto hace que no experimentamos el placer de recibir una carta manuscrita en letra cursiva?

La caligrafía es una habilidad humana en rápida extinción, porque ya casi no se enseña en las escuelas. Cuando se emplea una lapicera, en general se lo hace para escribir con letra de imprenta. Stefano Bartezzaghi y María Novella de Luca, periodistas italianos interesados en el tema, se preguntan si la preocupación por el ocaso de la escritura cursiva responde a la nostalgia o constituye una emergencia cultural. Muchos expertos se inclinan por la última alternativa. En Inglaterra se vuelve a usar la estilográfica para que los estudiantes aprendan la grafía. En Francia también se considera que no se debe prescindir de esa habilidad, pero allí el problema reside en que ya no la dominan ni los maestros. Aunque el mundo adulto no está aún preparado para recibir las nuevas inteligencias de los niños producto de la tecnología.

“La pérdida de la habilidad de la escritura cursiva explica trastornos del aprendizaje que advierten los maestros e inciden en el desempeño escolar”

En la escritura cursiva, el hecho de que las letras estén unidas una a la otra por trazos permite que el pensamiento fluya con armonía de la mente a la hoja de papel. Al ligar las letras con la línea, quien escribe vincula los pensamientos traduciéndolos en palabras.

“El escribir en letra de imprenta, alternativa que se ha ido imponiendo, implica escindir lo que se piensa en letras, desguazarlo, anular el tiempo de la frase, interrumpir su ritmo y su respiración”

Si bien ya resulta claro que las computadoras son un apéndice de nuestro ser, hay que advertir que favorecen un pensamiento binario, mientras que la escritura a mano es rica, diversa, individual, y nos diferencia a unos de otros.

Habría que educar a los niños desde la infancia en comprender que la escritura responde a su voz interior y representa un ejercicio irrenunciable.

Es ilógico suponer que la tendencia actual se revertirá, pero al menos los sistemas de escritura deberían convivir.

Su abandono convierte al mensaje en frío, casi descarnado, en oposición a la escritura cursiva, que es vehículo y fuente de emociones al revelar la personalidad, el estado de ánimo. Posiblemente sea esto lo que los jóvenes temen, y optan por esconderse en la homogeneización que posibilita el recurrir a la letra de imprenta.

“La calidad que tiene la grafía es ser un lenguaje del alma que hace únicas a las personas”

Carta de Frida Kahlo a su mamá.
Carta escrita por Federico García Lorca.
Postal escrita en cursiva, 1974.
Carta dirigida a Rafael Nadal, publicada en twitter.

Porque, como lo destaca Umberto Eco, que interviene activamente en este debate, la escritura cursiva exige componer la frase mentalmente antes de escribirla, requisito que la computadora no sugiere. En todo caso, la resistencia que ofrecen la pluma y el papel impone una lentitud reflexiva. Muchos escritores, habituados a escribir en un teclado, desearían a veces volver a realizar incisiones en una tableta de arcilla, como los sumerios, para poder pensar con calma. Eco propone que:

“Así como en la era del avión se siguen tripulando barcos a vela, sería auspicioso que los niños aprendieran caligrafía, para educarse en lo bello y para facilitar su desarrollo psicomotor”

Como en tantos otros aspectos de la sociedad actual, surge aquí la centralidad del tiempo. Un artículo reciente en la revista Time, titulado Duelo por la muerte de la escritura a mano, señala que es ése un arte perdido, ya que, aunque los chicos lo aprenden con placer porque lo consideran un rito de pasaje, “nuestro objetivo es expresar el pensamiento lo más rápidamente posible. Hemos abandonado la belleza por la velocidad, la artesanía por la eficiencia. Y, sí -admite su autora, Claire Suddath-, tal vez seamos algo más perezosos. La escritura cursiva parece condenada a seguir el camino del latín: dentro de un tiempo, no la podremos leer”. Abriendo una tímida ventana a la individualidad, aún firmamos a mano. Por poco tiempo.

Guillermo Jaime Etcheverry, educador y ensayista. Consulta el artículo original aquí.

Saber demostrar amor

Saber demostrar amor

La autoestima es el afecto que sentimos por nuestra propia persona, independientemente de nuestra condición.

Enseñar a los niños a quererse y valorarse, se logra transmitiéndoles el amor que les tenemos, el valor que les damos y el respeto que sentimos por ellos.

Para fortalecer su autoestima es necesario saber demostrar nuestro amor con caricias, besos, abrazos y palabras. No se debe dar por sentado que los niños saben que los queremos, generalmente dicen con exactitud todo lo que hacen mal porque cuando cometen una falta se los decimos inmediatamente, pocos son los que tienen exacto conocimiento de sus habilidades o de sus cualidades; así que nombremos qué cosas hacen bien, reconozcamos sus méritos.

Necesitan sentir que son capaces de hacer cosas, para ello es necesario asignar responsabilidades por pequeñas que sean, pues constituyen un reto. Nadie puede sentirse responsable si no asume obligaciones y las consecuencias de las propias decisiones.

Los niños deben aprender a tomar decisiones. Si son buenas, saben que optaron bien. Si la decisión no es la mejor, aprenderán que los fracasos ayudan a construir futuros éxitos.

Evitemos ayudar demasiado, cuando sobreprotegemos, generalmente hacemos sentir que no son capaces. Un elemento fortalecedor de la autoestima es hacer sentir a nuestros hijos que pueden hacer las cosas por sí mismos y que lo pueden hacer bien. Recordemos  que no siempre estararemos allí para solucionar sus dificultades.

Vínculos para crecer

Vínculos para crecer

Hoy en día, resulta vital reflexionar sobre cómo me relaciono, desde dónde establezco vínculos y qué actitudes cultivo para que mi convivencia con el otro sea una oportunidad de crecimiento.

El ser humano es un ser social y como tal, requiere relaciones plenas.  Incluso se dice que la calidad de nuestra vida está relacionada con la calidad de nuestras relaciones.

¿Qué acciones puedo realizar para construir vínculos afectivos  y sanos con el otro?

  • Ser sencillo. Actuar con naturalidad y amabilidad para que puedan acercarse,  por otro lado, procurar establecer diálogos horizontales.
  • Dar. Ofrecer mi tiempo, escucha activa y empatía, pues nada mejor que saber que existe alguien con quien uno se puede sentir escuchado.
  • Ofrecer atención plena. Silenciar mis propios pensamientos mientras facilito diálogos, esto me permitirá comprender y que el otro se sienta comprendido.
  • Mirar al otro tal y como es. Con ello generaré confianza incondicional.
  • Invitar a romper sus propios límites. Sacar lo mejor de cada uno. Los retos son desafiantes, emocionantes, fundamentales para nuestro crecimiento.
  • Invitar a soñar. Realizar preguntas que abran la puerta a la imaginación, a concebir otras posibilidades.
  • Ayudar a descubrir cosas nuevas. Jamás olvidamos a quienes nos facilitan darnos cuenta de cosas que no sabíamos de nosotros mismos o de nuestro entorno.
  • Ser auténtico. Construir vínculos sinceros que ayuden a crecer.
Los ciclos de la vida

Los ciclos de la vida

Cuando era niña asistía a fiestas infantiles en las que jugaba a las cebollitas, a pegarle la cola al burro, a carreras de costales, a sostener con una cuchara un huevo y caminar sin que se nos cayera, a las atrapadas, a doña blanca, a las estatuas de marfil, a los quemados, a la botella, las escondidas o a la lotería. El juego era parte fundamental de la celebración. El juego nos invitaba a realmente convivir y fortalecer los vínculos afectivos no sólo entre los niños, también entre papás e hijos.

Todos estos juegos nos permitían a través de los cantos, las rondas, el movimiento corporal, el equilibrio o la fascinante incertidumbre de encontrar el mejor escondite, a cultivar nuestra creatividad a estar en el presente, a simplemente estar…

Luego del juego, dábamos paso a uno de los rituales más esperados por todos: Las Mañanitas. Ese momento es muy especial para el festejado, las luces del lugar se apagan en señal de que cantaremos en su honor: ¡Venimos todos con gusto y placer a felicitarte!

En medio de la oscuridad, nuestra atención se centra en la luz de las velas, observamos que cierra los ojos para pedir un deseo y permanecemos en silencio, uniendo nuestra energía a su intención, conservando la magia de la atmósfera que hemos creado.

***

Hacer un alto para celebrar el inicio de un nuevo ciclo, nos recuerda la circularidad del tiempo. Reconectémonos con esa antigua forma de festejar, en la que compartir, jugar, cantar, conversar, mirarnos y abrazarnos nos ayuda a preservar las dinámicas relacionales que nos hicieron humanos.

Otorguemos un valor especial a la importancia de celebrar el inicio y cierre de ciclos, recordemos que es una excelente oportunidad para estar juntos y recordarnos.

¿Con quién eliges compartir ese momento?

Dopamina natural

Dopamina natural

¿Qué pasa en nuestro cerebro cuando recordamos momentos agradables? 

Cuando traemos a nuestra mente instantes en los que vivimos algún sentimiento vinculado a una sensación de bienestar, automáticamente, nuestro cerebro manda una señal que incrementa el nivel de dopamina en nuestro cuerpo.

La dopamina es un neurotransmisor cerebral que se relaciona con las funciones motrices, las emociones y los sentimientos de placer.

El efecto que tiene en nuestra vida es que ayuda a mejorar nuestro estado de ánimo, nos da energía, motivación y reduce la ansiedad.

A partir de este conocimiento, podemos construir un nuevo hábito: darnos tiempo para recordar momentos agradables.

Si realizamos esta acción de manera consiente, puede convertirse en una herramienta muy útil en momentos en los que necesitamos reducir nuestros niveles de estrés, de autoexigencia, ansiedad, o bien,  pasar de un estado de malestar o un estado de bienestar.

Aquí algunos tips para llevarla acabo.

  • Elige de manera consciente fotos que te recuerden momentos agradables. Ya sea que crees una carpeta y la tengas a la mano en tu computadora o en tu celular, o bien, imprime aquellas fotos que para ti, son especiales y significativas.
  • Crea una bitácora de recuerdos memorables. Escribe aquello que te hizo sentir bien, al mismo tiempo, será una excelente herramienta para conocerte.
  • Comparte tus recuerdos. Con tu familia o amigos, conversa con alguien sobre aquello que en algún momento te hizo feliz.
  • Observa las fotos en compañía. Un antiguo proverbio sueco dice que “Una alegría compartida se transforma en doble alegría” recuerda que las emociones y los estados de ánimo se contagian, no pierdas la oportunidad de hacer participe a alguien más de tus memorias.

¿Recordar es vivir? Pues por qué no comenzar a elegir aquello que queremos recordar. Nuestro cuerpo, corazón y cerebro nos lo agradecerán.

Silencio

Silencio

Nos hemos acostumbrado a realizar más de una cosa a la vez, hablamos por teléfono mientras escribimos en la computadora,  comemos y vemos la televisión al mismo tiempo o escribimos en el celular mientras vamos manejando. Y qué decir de nuestro pensamiento interno, no terminamos de pensar en algo cuando ya tenemos otra idea que ronda nuestra mente, no paramos ni un segundo…

Los medios de comunicación y la sociedad en general sobrevalora y premia la “capacidad” de ser “multitasking”, de lograr más cosas en menos tiempo, de ser rápido y eficiente.

Sin embargo, ¿De qué nos estamos perdiendo en aras de no perder ni un minuto de tiempo? ¿Cómo vive este proceso nuestro cuerpo? ¿Cómo lo vive nuestro cerebro?

Cuando sobrecargamos nuestro cerebro activamos respuestas de estrés y liberamos adrenalina, provocando que nuestro sistema nervioso se encuentre en un estado permanente de vigilancia, generando problemas de salud y psicológicos.

A mayor estrés, mayor insomnio, dolor de cabeza, gastritis, mal humor, irritabilidad, colitis y tensión muscular.

¿Qué podemos hacer?

Integrar nuevos hábitos de pensamiento que nos permitan estar en el presente y hacer una cosa a la vez.

Algunas sugerencias son las siguientes:

  • Cultiva el silencio y evita el ruido externo
    Prueba escuchar menos el radio y la televisión con la intención de estar,  a través del silencio, en mayor contacto con las sensaciones de tu cuerpo y tus pensamientos.
  • Termina una cosa, antes de iniciar otra
    Es mejor hacer las cosas bien, tomándose el tiempo que se requiere, que mal y a medias.
  • Centra tu atención
    Si te cuesta mucho trabajo enfocarte, procura alejar distractores, mantén el celular el vibrador, el correo electrónico cerrado y el teléfono apagado.
  • Respira profundamente
    Hazlo de manera pausada, siendo amoroso contigo mismo. Puedes ayudarte manteniendo los ojos cerrados mientras respiras lento y profundo.
Recomendación divina

Recomendación divina

“Todo lo que es absoluto forma parte de la patología” Nietzsche

Se dice que la frase “Conócete a ti mismo” estaba inscrita en el templo de Apolo en Delfos, es decir se trataba de una recomendación divina.  Sin embargo, ¿qué significa conocerse? ¿cómo sabes que te conoces? ¿eres el mismo de ayer? ¿eres el mismo con unas personas que con otras? ¿serías el mismo de siempre si estás en un lugar desconocido?

Y si en lugar de preguntarnos ¿quién soy? nos preguntamos

¿Quién estoy siendo?

El autoconocimiento es resultado de un proceso reflexivo mediante el cual adquirimos noción de nuestra persona, nuestras cualidades y características.

Es una habilidad que se desarrolla cuando se toma consciencia de las propias fortalezas y áreas de oportunidad.

Y es justamente la consciencia, la clave del autoconocimiento, porque cuando nos damos cuenta de algo que no sabíamos sobre nosotros mismos, entonces se abre una puerta a un mundo de infinitas posibilidades, pues no somos una historia única ni un sujeto acabado, somos seres que están siendo y que se autoconstruyen en la interacción con los otros y con su entorno.

Y tú ¿quién estás siendo? ¡Cuéntame!

La percepción de sí mismo

La percepción de sí mismo

El cerebro humano es capaz de generar cientos de pensamientos por minuto, ¿cuáles de ellos te generan bienestar? ¿cuántos de ellos malestar? ¿qué tipo de pensamientos promueves? ¿sabes lo que generan en ti y en los demás?

Hoy sabemos que nuestros pensamientos transforman nuestra forma de ver el mundo y que tenemos la capacidad de elegir a qué tipo de pensamientos le ponemos atención.

Con esa consciencia, es importante que cuidemos lo que pensamos sobre nosotros mismos, ya que esa imagen que construimos es un factor determinante ¡en todo lo que hacemos! y se llama autoestima, es decir, el conjunto de pensamientos, evaluaciones, sentimientos y tendencias de comportamiento, dirigidos hacia nuestra forma de ser, la percepción que tenemos de nosotros mismos.

Se sabe que las personas que tienen una percepción más positiva de sí mismos suelen tener:

  • Mejor desempeño laboral.
  • Mejores relaciones.
  • Son más felices.
  • Les cuesta menos enfrentarse a los errores, decepciones y fracasos.
  • Son perseverantes.
  • Insisten en algo hasta que lo consiguen.

Sin embargo, todos tenemos dificultades con nuestra autoestima en determinados momentos de la vida. Estas crisis pueden ser una oportunidad de crecer.

Para darte un momento de conexión contigo mismo y con la red de apoyo con la que cuentas y que está ahí para ti cuando la necesites.

Y sobre todo para darte cuenta que:

Cuéntame qué te hace único y especial, quiero conocerte.

Por qué los niños deben aprender Filosofía

Por qué los niños deben aprender Filosofía

Dentro de cada crío hay un filósofo en potencia; la cuestión es cómo sacarlo a la luz

Para ayudar a reflexionar a los más jóvenes llegan libros como ‘El niño filósofo’, de Jordi Nomen, un manual para enseñar a pensar.

¿Por qué se acaba la vida? ¿Cómo es posible que existan los números si no podemos tocarlos? ¿Qué ocurre cuando uno muere? ¿Es posible demostrar si existe o no existe Dios? ¿Cómo sabemos que los perros no piensan? ¿Todos estamos al corriente de lo que está bien y de lo que está mal?

Son preguntas trascendentales, metafísicas, dignas de sesudos pensadores y de meditabundos intelectuales. Pues bien: ahora pruebe a leer esas mismas preguntas encabezadas por la palabra «mamá» o «papá». Sí, son algunas de las típicas preguntas con las que muchos niños martillean a sus progenitores. Porque dentro de cada chaval hay un filósofo en potencia. La cuestión es sacarlo a la luz.

«Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres», sentenció Pitágoras hace ya unos 2.500 años. Sin embargo, la Filosofía, la disciplina que precisamente enseña a pensar, a cuestionar, a sacar conclusiones, a aplicar respuestas críticas a los problemas cotidianos y, en definitiva, a vivir de forma reflexiva no sólo se encuentra cada vez más arrinconada en los planes de estudio. Durante mucho tiempo incluso ha estado vetada a los más pequeños.

Ese saber que juega un papel fundamental a la hora de formar a ciudadanos comprometidos, con juicio propio y que no sean idiotas (los griegos llamaban idiotés a quienes no participaban en los asuntos públicos y carecían de pensamiento crítico) tradicionalmente ha sido considerado como una materia demasiado abstracta y demasiado obtusa para los críos, una forma de conocimiento apta sólo para las mentes plenamente desarrolladas de los adultos. El suizo Jean Piaget, famoso por sus estudios sobre la infancia, consideraba por ejemplo que hasta los 11 o 12 años los niños no eran capaces de desarrollar el pensamiento crítico.

Craso error. No es así.

Los más pequeños no sólo pueden filosofar, sino que en opinión de numerosos expertos deben hacerlo. Tienen que hacerlo.

Ya lo decía Matthew Lipman, un filósofo y educador estadounidense que hasta su muerte hace siete años fue uno de los grandes defensores de las ventajas que la Filosofía puede aportar a los más pequeños y al bien común. Tan fervientemente creía en los beneficios de la Filosofía que en los años 80 creó un programa educativo llamado Philosophy for children (Filosofía para niños).

ES NECESARIO ENSEÑAR A LOS NIÑOS A FILOSOFAR. DE ESE MODO APRENDERÁN A PENSAR Y PODRÁN CONSTRUIR UN MUNDO MEJOR, SER CIUDADANOS ACTIVOS Y COMPROMETIDOS

Lipman había sido profesor en la Universidad de Columbia y se percató de que sus estudiantes eran capaces de recitarle de carrerilla toda la historia de la Filosofía, sin embargo, no eran capaces de filosofar. Así que llegó a la conclusión de que debía ser en el colegio donde se aprendiera a pensar, a preguntarse sobre cuestiones filosóficas y a formar juicios razonables. Si no, sería demasiado tarde.

Ese convencimiento le llevó primero a crear unos cuentos filosóficos para niños de 11 y 12 años cuyo objetivo era enseñarles a ser críticos, estimularles a hacerse preguntas y a tratar de respondérselas. Durante un año, Lipman estudió el efecto de esas lecturas en los alumnos de escuelas públicas de Montclair, en Nueva Jersey. El resultado mostraba que los beneficios de filosofar se veían reflejados en todas las áreas del conocimiento. Porque, en palabras del propio Lipman, «la Filosofía es por excelencia la disciplina que plantea las preguntas genéricas que pueden servirnos de introducción a otras disciplinas y prepararnos para pensar en las demás disciplinas».

Philosophy for children se fue ampliando poco a poco, con nuevos libros para enseñar a los críos a filosofar y también con manuales para los profesores en los que se les explicaba cómo poner en práctica el proyecto. En vista de sus exitosos resultados, en 1986 el Departamento de Educación de Estados Unidos reconoció los beneficios de Philosophy for children, y desde entonces lo subvenciona. Hoy, el proyecto de Lipman está presente en 40 países.

La pregunta es: ¿cómo se enseña a filosofar a los críos?

A esa peliaguda cuestión trata de responder El niño filósofo, un delicioso libro firmado por Jordi Nomen, profesor de Filosofía y uno de los cerebros detrás de la escuela Sadako de Barcelona, uno de los centros educativos más influyentes e innovadores de España. El libro, publicado por la editorial Arpa, es un manual práctico para ayudar a padres y educadores a enseñar a filosofar a críos de entre 9 y 12 años.

«Es necesario enseñar a los niños a filosofar. De ese modo aprenderán a pensar, podrán construir un mundo mejor, participar activamente en un proyecto común, podrán ser ciudadanos activos y comprometidos, capaces de separar la verdad de la mentira en estos tiempos en los que resulta difícil, en estos tiempos de falsas promesas. Para contribuir al bien común, tenemos que poder pensar de manera lúcida y creativa, filosófica. Y eso es algo que o se aprende en edad escolar o no se aprende», asegura Jordi Nomen.

Estimular el pensamiento filosófico en los pequeños no resulta en principio complicado. Al fin y al cabo los niños llegan al mundo con una curiosidad insaciable y una enorme capacidad de admirar lo que descubren. «Dos cualidades filosóficas», señala Jordi Nomen. Se trata de estimularles, de abrirles una ventana diferente para contemplar el mundo: la de la mirada filosófica.

FILOSOFAR AHORA ES MÁS DIFÍCIL QUE NUNCA. EXIGE PRESTAR ATENCIÓN AL OTRO, TIEMPO PARA REFLEXIONAR Y PROFUNDIZAR. EN ESTA SOCIEDAD DE LA INMEDIATEZ RESULTA COMPLICADO 

Uno de los modos de enseñarles a filosofar es devolverles algunas de esas preguntas con las que con frecuencia acribillan a los mayores. Por ejemplo, ante un «papá, ¿qué sentido tiene vivir sabiendo que al final todos vamos a morir?» se puede responder con «¿tú por qué crees?» y, a partir de ahí, establecer un diálogo. Pero Nomen apuesta, sobre todo, por tres herramientas para enseñar a los niños a reflexionar: los cuentos, los juegos y el arte.

Evidentemente, los adultos deben simplificar su lenguaje al enseñar a los niños a filosofar. «Pero eso no significa obviar el rigor y la precisión», señala Nomen, subrayando que también es necesario que sean los propios niños los que descubran los presupuestos de las ideas y lo que implican. Y, para ello, es imprescindible que los adultos adopten una posición neutral y dejen a los críos expresarse libremente. Pero vigilando siempre que los pequeños sean respetuosos con las ideas de los demás.

El problema es que no basta con que los padres y educadores tengan espíritu crítico para poder enseñar a filosofar a los niños: deben ellos mismos ejercitarse en esa práctica, saber hacer las preguntas adecuadas.

El niño filósofo es, en ese sentido, un libro enormemente útil y práctico. Nomen pone a disposición de padres y educadores un total de 12 grandes preguntas que a lo largo de la historia 12 grandes filósofos occidentales se han planteado, incluyendo la respuesta que daban a las mismas. Platón nos adentra por ejemplo en la duda trascendental de si debemos actuar con la cabeza o con el corazón. A través de Séneca, podemos explorar si hay que tener miedo a la muerte. Qué es el mal encuentra respuesta en Hannah Arendt. Y de la mano de Nietzsche se puede comprender el valor de la creatividad.

Pero Nomen no sólo ofrece esas 12 preguntas trascendentales y la respuesta que a cada una de ellas da un importante filósofo. También brinda un cuento con el que poder explorar junto a los niños todas esas cuestiones y las pautas para, a partir de ahí, poder establecer un diálogo con ellos, mostrando algunas de las preguntas que pueden dirigir a los pequeños para hacerles pensar.

Para adentrarse, por ejemplo, en el pensamiento de Erich Fromm, Jordi Nomen da la vuelta al cuento de Caperucita roja y lo transforma en un relato maravilloso: La historia de Caperucita contada por el lobo, en la que el animal denostado durante generaciones y generaciones por fin cuenta su versión de los hechos y se presenta a sí mismo como víctima en lugar de como agresor. Ese cuento al revés sirve para plantear a los críos cuestiones como «¿por qué crees que la versión del lobo no ha llegado hasta ahora y la de Caperucita sí?» o «¿cómo se construye la verdad?».

Nomen también ofrece un juego y una actividad artística para proponer a los niños, relacionados los dos con el tema que se está tratando. Y así con cada una de las 12 cuestiones, con cada uno de los 12 filósofos que propone.

El caso es que filosofar en tiempos de internet y de redes sociales, cuando todo son distracciones, se ha convertido en algo muy complicado. «Filosofar ahora es más difícil que nunca. La actitud filosófica, el diálogo filosófico, exige prestar atención al otro, tiempo para reflexionar, para pensar, para profundizar. Y en esta sociedad de la inmediatez, de lo rápido, eso cada vez resulta más y más difícil», asegura Nomen, quien, como jefe del departamento de Humanidades de la escuela Sadako, tampoco oculta su indignación ante el relego cada vez mayor de la Filosofía en los planes de estudio.

«Me da la sensación de que algunos no quieren que pensemos por nosotros mismos, no quieren que seamos capaces de descubrir las mentiras y las falacias. Y la mejor manera de lograrlo es arrinconando las asignaturas de tipo humanístico, la Filosofía, pero también la Historia, la Literatura… Esas son materias que deben estar en el currículo porque nos hacen mejores ciudadanos», sentencia.

Texto de @IreneHVelasco

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Cantar nutre el cerebro infantil. La voz, el primer instrumento musical

Cantar nutre el cerebro infantil. La voz, el primer instrumento musical

La ciencia ha descubierto que la música (no tanto escucharla como hacerla) es uno de los estímulos más potentes y complejos-completos para el desarrollo de los niños y jóvenes (¡y de los adultos!).  Pero ¿y cuando los niños son demasiado pequeños para aprender a tocar un instrumento?  La respuesta es sencilla: la voz.

Las canciones infantiles son una parte importante de la tradición cultural infantil por algo. Si todas las culturas tienen su propio folklore infantil es porque responde a una necesidad universal, ahora científicamente estudiada en una investigación realizada en la Universidad de Munster (Alemania) por los Dres. Thomas Blank y Karl Adamek. El estudio se realizó en 500 jardines de infancia, con la colaboración del Departamento de Salud Publica, constatándose que un 88% de los niños que cantaban frecuentemente estaban preparados para la escolarización normal, en contraste con solo un 44% de aquellos en cuya escuela se cantaba menos.

El estudio demostró que cantar y jugar cantando estimula el desarrollo físico, mental y social de los niños en una medida que se ha subestimado, y que se refleja en una mejor maduración cerebral y en el desarrollo del habla, la inteligencia social y el control de la agresión.

Cantar beneficia a todos los niños, pero de un modo muy especial a aquellos que viven situaciones de desventaja social (violencia familiar, escasos recursos, inmigración reciente…).  Es difícil medir los incontables beneficios de una actividad que pone en juego el cuerpo, las emociones y la mente, pero una posible explicación parcial la dan los estudios neurobiológicos y fisiológicos que muestran que cantar produce hormonas de bienestar y reduce las que desencadenan reacciones de agresión.

Del mismo modo, es fácil deducir que aquellas canciones infantiles que implican juegos, rondas, palmas, etc., a un determinado ritmo, al ser de más compleja ejecución e involucrar tantas habilidades diferentes sincronizadamente, potencien aún más las conexiones neuronales y la maduración de estructuras cerebrales básicas.

Faltaría más investigación sobre el efecto en los niños pequeños de sustituir las canciones infantiles tradicionales, todas ellas compuestas en la escala pentatónica (según la pedagogía Waldorf más cercana al momento evolutivo de los mas pequeños), por canciones que escuchan jóvenes y adultos, todas ellas compuestas en la escala heptatónica.  Eso sin mencionar otros aspectos como las letras, el efecto sensorial sobre niños muy pequeños de muchas de las canciones  modernas o la pérdida cultural que supone que la riqueza del folklore tradición popular infantil vaya cayendo en el olvido.

“Hoy en día pocos niños serían capaces de cantar cinco o seis canciones tradicionales catalanas o españolas. Nos hemos quedado sin lazo con la tierra. No nos percatamos de que cuanto más globales son la vida y la sociedad, más importante resulta que recordemos nuestras raíces e identidad”

Jordi Sav-all. La Vanguardia Magazine. 22/03/2015

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¿Eres mercadólogo? Cuida tu ortografía

¿Eres mercadólogo? Cuida tu ortografía

La función de un mercadólogo es idear campañas publicitarias, realizar estrategias para posicionar productos o servicios en el mercado, conocer al consumidor, identificar necesidades, vender, ofrecer experiencias, llegar al corazón…

Como vemos, su rol es muy importante e incluso determinante para lograr el éxito o fracaso de una empresa.

Luego entonces, la relevancia de tener una redacción impecable y una ortografía de diez, permitirá que los mensajes que construya sean claros, concisos y que estén escritos correctamente, pues nada hay más desagradable que leer un texto en el que falten acentos o encontrar palabras mal escritas. Por otro lado, la responsabilidad de los mercadólogos, en tanto agentes educativos es fundamental. Sí, leyó bien

¿A qué me refiero? Imagine el número de anuncios publicitarios que hay en las paradas de autobuses, o bien, la cantidad de publicidad que recibimos a través de correos electrónicos o en las redes sociales ¿A cuántas personas cree que llegan esos mensajes? ¿Y cuántas de esas personas son lectores en formación, es decir, niños pequeños o adolescentes que están en el proceso de enriquecer su vocabulario? Si llegan a leer palabras mal escritas, probablemente se queden con una idea incorrecta.

Piense por ejemplo, ¿Cuántos de nosotros crecimos leyendo las cajas de los cereales o bien, la publicidad que invade las principales avenidas de la ciudad? De ahí que el control de calidad en cuanto al contenido y a la forma en que se transmiten los mensajes deba ser riguroso.

Pues si bien, como dice Pablo Zulaica[1]

“Nadie va a morir de ortografía, ni de educación, pero la ortografía es el reflejo de la educación y la educación está detrás de todos los problemas. Escribir bien significa respeto al interlocutor, a quien le estás hablando, a quien le diriges tu mensaje. La ortografía no es la perfección, ni una falta ni dos ni ninguna, la ortografía es una actitud”

Si considera que requiere mejorar su ortografía y redacción, recuerde que nunca es tarde para comenzar.

[1] Periodista, publicista, corrector, viajero. www.pablozulaica.wordpress.com