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Categoría: Crónicas

Ser el adulto que quiero ser para presenciar el milagro del niño

Ser el adulto que quiero ser para presenciar el milagro del niño

Estaba embarazada cuando vi por primera vez un ambiente Montessori. En ese tiempo colaboraba con una escuela ofreciendo talleres para papás. El primer día tenía cita con la directora. Para llegar a su oficina, recorrí un pasillo donde se encontraban los distintos ambientes.

De reojo, pude mirar a través de las ventanas, y entonces… algo mágico sucedió: ahí estaban ellos, los niños, trabajando en absoluto silencio, la guía observando. El orden, la soltura, la maestría y la delicadeza con la que se desenvolvían dentro del espacio me dejó impactada.

Ese mismo día, cuando salieron de clases, pude entrar al ambiente.

Mi asombro creció aún más. Al estar dentro percibía una energía que es difícil poner en palabras, había algo ahí que me invitaba de manera automática a entrar en un estado de orden, concentración, curiosidad, paz, templanza…

Fue entonces cuando supe que Montessori era la filosofía educativa que deseaba para mi hijo.

Han pasado tres años desde entonces, de nuevo entro a un ambiente, ahora, el ambiente de mi hijo, la Casa de los Niños. Un día antes, Alexander me ha dicho que él será mi guía. Estoy emocionada, es un evento especial para ambos.

En silencio, realiza para mí la presentación de un material. En efecto, él es mi guía. Me muestra paso por paso cómo pule un candelabro, pica plátano, trabaja con las barras, comparte conmigo la torre rosa. Estoy tan contenta, que de manera inconsciente y por momentos, elevo el volumen de mi voz. Alexander se acerca a mí y de manera delicada susurra en mi oído: “mamá en el ambiente no gritamos”.

Coloca las cosas en orden, menciona que debe dejar los materiales preparados para el próximo niño que desee trabajar con ellos.

Ahora vamos al área de Vida práctica, voy detrás del niño, casi corriendo. Alexander voltea y suavemente me dice: “mamá en el ambiente no corremos”. Me siento perceptiva, cautivada, abierta a recibir de Alexander la riqueza de los aprendizajes que ha tenido durante su estancia en la escuela.  Son momentos únicos en los que se manifiesta la espiritualidad.

Volteo a mi alrededor e intercambio miradas con otros papás, nadie menciona ninguna palabra, pero sus ojos lo dicen todo. Me doy cuenta que no soy la única a quien se le han salido las lágrimas.

Es ahí cuando comprendo lo que decía María Montessori “el niño, con su enorme potencial físico e intelectual, es un milagro frente a nosotros”. Miro a Alexander y él me mira a mí, veo una expresión de satisfacción, alegría, contento por hacer cosas de manera autónoma, libre, independiente, puedo decir que está feliz.

El ambiente es un sistema en el que todo fluye, cada objeto tiene su lugar, cada material, cada espacio está dispuesto para que los saberes se den y se manifiesta la esencia de las personas, de la guía, del asistente, de los niños.

Viene a mi mente la frase de María Montessori “sólo podemos servir al desarrollo del niño, pues éste se realiza en un espacio en el que hay leyes que rigen el funcionamiento de cada ser humano y cada desarrollo tiene que estar en armonía con todo el mundo que nos rodea y con todo el universo”.

Educar en el amor, en armonía y con respeto es una fuerza poderosa que puede ayudarnos a transformar y transformarnos.

Para mí María Montessori es una fuente de inspiración, una guía que me inspira a ser el adulto que deseo ser para estar ahí y presenciar el milagro del niño.

Como mamá puedo decir a otros papás:

Quédate en una escuela en donde respeten al niño.

Quédate en una escuela que le ofrezca un entorno amoroso.

Quédate en una escuela en donde favorezcan su autonomía y libertad.

Quédate en una escuela donde cuiden su bienestar.

Quédate en una escuela donde confíen en su potencial.

Quédate en una escuela que verdaderamente se conciba a sí misma… como una auténtica Casa de los niños.

Los ciclos de la vida

Los ciclos de la vida

Cuando era niña asistía a fiestas infantiles en las que jugaba a las cebollitas, a pegarle la cola al burro, a carreras de costales, a sostener con una cuchara un huevo y caminar sin que se nos cayera, a las atrapadas, a doña blanca, a las estatuas de marfil, a los quemados, a la botella, las escondidas o a la lotería. El juego era parte fundamental de la celebración. El juego nos invitaba a realmente convivir y fortalecer los vínculos afectivos no sólo entre los niños, también entre papás e hijos.

Todos estos juegos nos permitían a través de los cantos, las rondas, el movimiento corporal, el equilibrio o la fascinante incertidumbre de encontrar el mejor escondite, a cultivar nuestra creatividad a estar en el presente, a simplemente estar…

Luego del juego, dábamos paso a uno de los rituales más esperados por todos: Las Mañanitas. Ese momento es muy especial para el festejado, las luces del lugar se apagan en señal de que cantaremos en su honor: ¡Venimos todos con gusto y placer a felicitarte!

En medio de la oscuridad, nuestra atención se centra en la luz de las velas, observamos que cierra los ojos para pedir un deseo y permanecemos en silencio, uniendo nuestra energía a su intención, conservando la magia de la atmósfera que hemos creado.

***

Hacer un alto para celebrar el inicio de un nuevo ciclo, nos recuerda la circularidad del tiempo. Reconectémonos con esa antigua forma de festejar, en la que compartir, jugar, cantar, conversar, mirarnos y abrazarnos nos ayuda a preservar las dinámicas relacionales que nos hicieron humanos.

Otorguemos un valor especial a la importancia de celebrar el inicio y cierre de ciclos, recordemos que es una excelente oportunidad para estar juntos y recordarnos.

¿Con quién eliges compartir ese momento?

El chismógrafo, antiguo facebook de papel en las escuelas

El chismógrafo, antiguo facebook de papel en las escuelas

El profesor de computación se encontraba sentado detrás de su escritorio, con los ojos pegados al libro Informática básica para principiantes. Leía en voz alta, mientras nosotros, con los ojos pegados al cuaderno, escribíamos mecánicamente lo que alcanzábamos a escuchar de aquel dictado, pues además de que su dicción no era la mejor, el calor del mediodía nos hacía sumergirnos en un profundo estupor.

 

De repente, sentí que alguien tocó mi hombro derecho, disimuladamente, por debajo de la banca, me pasaron un cuaderno de forma italiana. Por fuera era como todos los demás, lo verdaderamente interesante estaba en sus páginas. He ahí mi primer encuentro con un chismógrafo. Al leerlo, sentí que por primera vez conocí a mis compañeros de clase.

 

Tocaba mi turno, me esmeré por escribir lo más bonito que pude, elegí mis mejores bolígrafos, ¡ah! y por supuesto mis respuestas fueron muy bien pensadas. Sin darme cuenta, hice un profundo ejercicio de autoconocimiento, frente a mí tenía una herramienta con preguntas estratégicamente seleccionadas que me invitaban a echar un vistazo en mi interior.

Su estructura iniciaba con preguntas básicas de presentación ¿cómo te llamas?, fecha y hora en la que respondiste, ¿cuál es tu color preferido? o ¿cuál es el nombre de tu mejor amiga? para poco a poco llegar a preguntas más reveladoras como ¿qué es lo que más te gusta hacer? y ¿quién te gusta?, aquello que ahora llaman crush.

 

Más allá de la curiosidad o de nuestra intrínseca motivación chismosa, (la cual hemos heredado desde tiempos inmemoriales) lo verdaderamente trascendente y profundo subyace en la necesidad a la que respondía el chismógrafo.

 

Somos seres sociales y la escuela es un espacio o “debería ser” el lugar en el que aprendemos a convivir, a relacionarnos, a ser y estar con el otro, pues nos interesan los demás, descubrir qué nos hace iguales o diferentes, que tenemos en común. El otro habla de mí, es un espejo.

 

En las escuelas es poco el tiempo que se dedica al diálogo y a la socialización, el único espacio con el que se cuenta es de treinta minutos, los cuales se pasan volando, mientras comes tu lunch o te formas en la fila de la tiendita, por otro lado, si se trata de jugar, los niños se van con los niños y las niñas con las niñas. Luego entonces, al no contar con espacios para dialogar y conocernos, la socialización para hacer amigos queda limitada a esa brevísima media hora del recreo.

 

Por ello, siempre fue más interesante contestar un chismógrafo, que escribir como autómata palabras del pizarrón o transcribir resúmenes.

 

Estoy segura que después de que todos respondimos aquella libretita “clandestina” nos conocimos más y mejor. Pienso que eso modificó nuestras relaciones y que en cierta forma, ayudó a potenciar la camaradería en el grupo.

 

Sin duda, fue una herramienta útil para conocerme a mí y a ellos. Después del chismógrafo, nos miramos con ojos llenos de complicidad, como si compartiéramos un secreto a voces.

 

 

Conversan sobre la importancia de conocer a Juana Inés

Conversan sobre la importancia de conocer a Juana Inés

En una época en que la palabra “selfi” es elegida como la palabra del año, vale la pena dejar de mirarnos a nosotros mismos, mirar a otros, “salirnos de la selfi” para mirar hacia otra época, mirar por ejemplo al interior de una mujer tan importante como Sor Juana.

Pero para hablar de Sor Juana, primero debemos mirar a Juana Inés, al personaje que va más allá del verso Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón.

Hablar de Juana Inés es apelar a la mujer que puso sobre la mesa el derecho de las mujeres a:

  • La libertad
  • La palabra
  • La escritura
  • La lectura
  • La imaginación
  • El humor
  • Al placer de vivir
  • La pasión por conocer, por saber, por aprender.

Sor Juana rebelde, valiente, diferente, ingeniosa, simpática, traviesa, excepcional, un ser que rebasó a su época, que enfrentó los obstáculos que le impedían seguir su vocación.

Es por ello que la escritora y productora Patricia Arriaga, decide crear una miniserie en la que se muestre a la Juana Inés de carne y hueso.

Y es que en medio de la avalancha de series en las que se “humaniza” a capos del narcotráfico, Arriaga y su equipo apuestan por humanizar a una persona que vale la pena conocer, se rescata a un personaje que por siglos ha sido olvidado.

A decir de Arcelia Ramírez, “La ignorancia puede ser el motivo de todos los peligros, puede ser la razón por como está el mundo en este momento. Traer a Sor Juana a la conciencia a través de un medio tan poderoso como la televisión es enviar un mensaje de que esta mujer luchó por la educación, por la libertad de ejercer su vocación”

Enfatizó que la intención de esta serie era encontrar la faceta humana de Sor Juana para acercarla al público, atraparlo, conectarlo con la esencia del personaje, generar curiosidad, apetito, ganas de saber más de ella, de leer sus textos.

“Veámonos en el espejo de Sor Juana, ¿Quiénes somos frente a esta mujer tan fuerte y valiente? ¿Quién soy yo frente a ella? ¿Yo qué digo sobre esta mujer que luchó en ese momento?

Y aunque reconoció que sus textos son un poco complejos de comprender, motivó a la audiencia para leerlos.

“No te rindas al desafío de entender; si te duermes, despierta; apaga la tele, apaga la red social, acércate a su obra. Cuando termines sentirás un placer muy grande. Los textos de Sor Juana nos hablan de las cosas que nos pasan ahora, de nuestra vida íntima. Al leerla descubres que tiene las mismas dudas, vulnerabilidades, miedos, deseos, etc. Muchos no pasan del verso Hombres necios.. sin embargo, puede ser la puerta del laberinto, el umbral. Así que entra, ¡recórrelo!, exhortó.

Por su parte la rectora Carmen Beatriz López Portillo reconoció que a través de la educación, podemos cambiar nuestra forma de ser, abrir al otro la vía del conocimiento, provocar las consciencias.

Sor Juana puede ser un ejemplo para inspirarnos a construir un mundo un poquito mejor. “Hagamos que las niñas digan: yo quiero aprender, yo quiero conocer, yo quiero….”

Agradeció a los asistentes y señaló que la Universidad del Claustro de Sor Juana siempre será un espacio para la palabra, para diálogo, para el encuentro, para tender puentes.

La serie Juana Inés está disponible en Netflix