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Categoría: Columna

¿Qué pasa si uno se deja impactar por lo que sucede?

¿Qué pasa si uno se deja impactar por lo que sucede?

¿Qué pasa si uno se deja impactar por lo que sucede?  Surge una sacudida al cuestionamiento del yo.

Todo está hecho para que la realidad se eclipse, saturados de emociones y vacíos de experiencias. Si uno no se pregunta por qué entonces no lo has vivido.

Tenemos miedo a las preguntas, pero más a las respuestas…

Lo que se vive es estéril. No incrementa nuestro yo. ¿Tener un trabajo que nos obligue a preguntarnos, por qué trabajamos? ¿Qué busco yo con estudiar? ¿Qué busco yo con trabajar? ¿Qué busco con ser…?

Aceptar el golpe del por qué.

Te levantas por la mañana y tu responsabilidad es ser hombre. Estar frente a la realidad es estar frente a nuestros límites. Terremotos-carencias- fracasos-éxitos-ilusiones-esperanzas-miedos-incertidumbres.

¿Cuál es el sentido último de nuestros límites, de nuestras fragilidades?

Necesitamos límites. Buscamos satisfacción total. Encuentro con lo imposible.

La paradoja: buscamos algo en esta realidad, pero a la vez que no pertenezca a este mundo. Lo humano y lo divino.

Y al final todos nuestros deseos nos llevan al deseo del encuentro con un ser supremo…

Lo que se vive es estéril, hay dar significado, hay que dar sentido, hay que dar el toque divino.

Preguntar para vivir, preguntar para ser.

Encontrarnos para comprender, encontrarnos para pensar, encontrarnos para sentir, encontrarnos para existir a través de la palabra.

 

 

¿Existe el profesor ideal?

¿Existe el profesor ideal?

 

Pienso en mi vida como estudiante y en los profesores que conocí y con cierto pesar afirmo que no tenían vocación o por lo menos nunca la percibí. Tuve la oportunidad de estudiar en escuelas públicas y privadas y la experiencia simplemente fue la misma.

Del kinder no tengo muchos recuerdos, pero de grande conversé con una de mis maestras y me quedé sorprendida de la cantidad de prejuicios que tenía sobre las personas, la vida y el sarcasmo consciente con el que expresaba sus ideas, ¿Y ella fue mi maestra en el preescolar?

En la primaria ni hablar, las maestras iban más a socializar entre ellas, a tomarse su cafecito, aparentar que todo estaba en orden previo a la visita de los supervisores escolares, preparar el bailable o la manualidad para el festival del 10 de mayo, esperar a que pasaran los años para jubilarse y listo. A diferencia del kinder, ya tenía la consciencia para notar que habíamos “consentidas” que estaba permitido llamar a los niños “burros” y que también se valía jalar las orejas, dar un coscorrón o ejercer el típico castigo de sentar a quien se portara “mal” en un rincón mirando hacia la pared.

También había muchos modelos mentales: pobre, “feo”, sucio y moreno = no sabe. Güerito, “bonito”, limpio o hijo de “fulano de tal” = sí sabe.

En la secundaria las maestras habían llegado ahí por todo, menos por un auténtico deseo de compartir conocimientos o aprender de sus alumnos. Estaban ahí por relaciones, porque no tenían otra alternativa, porque era “fácil” ser profesor, por las vacaciones….

De las experiencias que más me impactaron en esa etapa, fue ver cómo un profesor golpeó con un cuaderno, la mejilla de uno de mis compañeros, el golpe sonó durísimo. Aún vive en mi mente la imagen de ese suceso.

También estaban las maestras que actuaban por conveniencia, regalando calificaciones, otorgando beneficios o siendo indiferentes ante el bullying explícito que realizaban algunas alumnas, hijas de aquellas mamás que tenían a bien regalarles “detalles” con frecuencia inaudita.

Del mismo modo, existían los profesores que preferían no tener problemas, si estabas callado, en tu lugar, escribiendo el resumen en turno, tenías 10. ¡Qué forma tan creativa de enseñar!

En la preparatoria conocí profesores que por haber estudiado tal o cual licenciatura, tenían autorización para dar clases sin siquiera tener conocimientos mínimos de pedagogía.

Recuerdo una anécdota muy chistosa, un “profesor” preguntó al iniciar su clase el significado de la palabra filosofía. Yo dije la respuesta, sorprendiendo a mis compañeros de clase que me miraban estupefactos, pero más sorprendido estaba el maestro, quien de manera nerviosa, tuvo que recurrir a sus notas para verificar si la respuesta era correcta. La pregunta resultó ser en extremo sencilla, se encontraba en las líneas con las que daba inicio el libro que en teoría “leeríamos”. Durante todo el ciclo escolar, no pasamos de la primera página.

A ese nivel, también sucedía que los profesores, de repente confundían su rol, comportándose como “adolescentes”, iban a “echar relajo” sintiéndose “amigos” de sus estudiantes.

Algunos, por el contrario, cumplían vaciando sus conocimientos en el pizarrón, y al tocar el timbre. Simplemente decían: “Quien escribió, escribió y quien entendió entendió”.

En la universidad la mayoría tenía conocimientos sobre su materia, sin embargo, poca o nula capacidad para transmitirlos, para emocionarnos, enamorarnos, mucho menos para inspirarnos.

En fin, afortunadamente mi historia tiene final feliz, de no haber pasado por eso quizá no me hubiera interesado tanto en el desarrollo humano y en la educación, por otro lado en mi vida profesional conocí a una persona que cambió mi vida, me enseñó a aprender a aprender, pero esa es otra historia que contaré en otro momento.

El aprendizaje que rescato de mi experiencia

  • Si lo deseas, si te gusta, si te apasiona, entonces encontrarás la forma de compartirte con el otro.
  • Ahora bien, no basta desearlo, también es necesario contar con competencias didácticas profesionales que te permitan transmitir conocimientos.
  • Lo más sorprendente es que ya no basta con ser una “enciclopedia andante”, la información ya está en la red. Hoy en día se requiere otro tipo de competencias, como tener la capacidad de fomentar en los alumnos el desarrollo del pensamiento analítico, creativo e innovador, el trabajo en equipo, la solidaridad, la empatía y el gozo por aprender.
  • Y nada de esto será suficiente, si no sabes cómo manejar tus emociones y a su vez tener la habilidad de poder contener las de tus alumnos y las de los padres de familia.
  • Otros elementos que deben estar presentes en aquel que piense dedicarse a la docencia son: ética, empatía, integridad, amor, esperanza, confianza, alegría y sobre todo consciencia para no perder de vista tus acciones y palabras  impactan para bien o para mal en la vida de una persona.

¿Tú que piensas?existe el profesor ideal