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Categoría: Opinión

El chismógrafo, antiguo facebook de papel en las escuelas

El chismógrafo, antiguo facebook de papel en las escuelas

El profesor de computación se encontraba sentado detrás de su escritorio, con los ojos pegados al libro Informática básica para principiantes. Leía en voz alta, mientras nosotros, con los ojos pegados al cuaderno, escribíamos mecánicamente lo que alcanzábamos a escuchar de aquel dictado, pues además de que su dicción no era la mejor, el calor del mediodía nos hacía sumergirnos en un profundo estupor.

 

De repente, sentí que alguien tocó mi hombro derecho, disimuladamente, por debajo de la banca, me pasaron un cuaderno de forma italiana. Por fuera era como todos los demás, lo verdaderamente interesante estaba en sus páginas. He ahí mi primer encuentro con un chismógrafo. Al leerlo, sentí que por primera vez conocí a mis compañeros de clase.

 

Tocaba mi turno, me esmeré por escribir lo más bonito que pude, elegí mis mejores bolígrafos, ¡ah! y por supuesto mis respuestas fueron muy bien pensadas. Sin darme cuenta, hice un profundo ejercicio de autoconocimiento, frente a mí tenía una herramienta con preguntas estratégicamente seleccionadas que me invitaban a echar un vistazo en mi interior.

Su estructura iniciaba con preguntas básicas de presentación ¿cómo te llamas?, fecha y hora en la que respondiste, ¿cuál es tu color preferido? o ¿cuál es el nombre de tu mejor amiga? para poco a poco llegar a preguntas más reveladoras como ¿qué es lo que más te gusta hacer? y ¿quién te gusta?, aquello que ahora llaman crush.

 

Más allá de la curiosidad o de nuestra intrínseca motivación chismosa, (la cual hemos heredado desde tiempos inmemoriales) lo verdaderamente trascendente y profundo subyace en la necesidad a la que respondía el chismógrafo.

 

Somos seres sociales y la escuela es un espacio o “debería ser” el lugar en el que aprendemos a convivir, a relacionarnos, a ser y estar con el otro, pues nos interesan los demás, descubrir qué nos hace iguales o diferentes, que tenemos en común. El otro habla de mí, es un espejo.

 

En las escuelas es poco el tiempo que se dedica al diálogo y a la socialización, el único espacio con el que se cuenta es de treinta minutos, los cuales se pasan volando, mientras comes tu lunch o te formas en la fila de la tiendita, por otro lado, si se trata de jugar, los niños se van con los niños y las niñas con las niñas. Luego entonces, al no contar con espacios para dialogar y conocernos, la socialización para hacer amigos queda limitada a esa brevísima media hora del recreo.

 

Por ello, siempre fue más interesante contestar un chismógrafo, que escribir como autómata palabras del pizarrón o transcribir resúmenes.

 

Estoy segura que después de que todos respondimos aquella libretita “clandestina” nos conocimos más y mejor. Pienso que eso modificó nuestras relaciones y que en cierta forma, ayudó a potenciar la camaradería en el grupo.

 

Sin duda, fue una herramienta útil para conocerme a mí y a ellos. Después del chismógrafo, nos miramos con ojos llenos de complicidad, como si compartiéramos un secreto a voces.