Los ciclos de la vida

Los ciclos de la vida


Cuando era niña asistía a fiestas infantiles en las que jugaba a las cebollitas, a pegarle la cola al burro, a carreras de costales, a sostener con una cuchara un huevo y caminar sin que se nos cayera, a las atrapadas, a doña blanca, a las estatuas de marfil, a los quemados, a la botella, las escondidas o a la lotería. El juego era parte fundamental de la celebración. El juego nos invitaba a realmente convivir y fortalecer los vínculos afectivos no sólo entre los niños, también entre papás e hijos.

Todos estos juegos nos permitían a través de los cantos, las rondas, el movimiento corporal, el equilibrio o la fascinante incertidumbre de encontrar el mejor escondite, a cultivar nuestra creatividad a estar en el presente, a simplemente estar…

Luego del juego, dábamos paso a uno de los rituales más esperados por todos: Las Mañanitas. Ese momento es muy especial para el festejado, las luces del lugar se apagan en señal de que cantaremos en su honor: ¡Venimos todos con gusto y placer a felicitarte!

En medio de la oscuridad, nuestra atención se centra en la luz de las velas, observamos que cierra los ojos para pedir un deseo y permanecemos en silencio, uniendo nuestra energía a su intención, conservando la magia de la atmósfera que hemos creado.

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Hacer un alto para celebrar el inicio de un nuevo ciclo, nos recuerda la circularidad del tiempo. Reconectémonos con esa antigua forma de festejar, en la que compartir, jugar, cantar, conversar, mirarnos y abrazarnos nos ayuda a preservar las dinámicas relacionales que nos hicieron humanos.

Otorguemos un valor especial a la importancia de celebrar el inicio y cierre de ciclos, recordemos que es una excelente oportunidad para estar juntos y recordarnos.

¿Con quién eliges compartir ese momento?

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