Ser profesor diamante

Ser profesor diamante


Un profesor es similar a un diamante. Todos los días requerimos pulirnos para encontrar lo verdaderamente valioso dentro de nosotros y poder compartirlo.

Tomamos consciencia de lo que necesitamos mejorar y somos fuente de inspiración. Enseñamos con el ejemplo, fuera o dentro del salón, porque sabemos que si los niños notan que estamos interesados en su crecimiento, aprendizaje, bienestar y felicidad, entonces desearán ser como nosotros.

Nuestros días están llenos de obstáculos, oportunidades y momentos alegres, pero también difíciles, cuando sucede eso apelamos a lo más profundo de nuestro ser para conectarnos con aquello que nos impulsó a ser maestros y nos preguntamos:

¿Por qué elegí esta profesión?

Entonces, recordamos… es decir, “volvemos a pasar por el corazón” aquello que nos motiva, que amamos, que nos compromete con el otro y con nuestra vocación.

Regresamos a nuestro centro y cuidamos nuestras palabras, actitudes y acciones porque sabemos que estamos formando seres humanos y que lo que hagamos, digamos o dejemos de hacer tendrá un impacto en su vida.

Porque sabemos que los niños requieren que velemos por su mente, cuerpo y espíritu.

Que merecen de nosotros respeto, afecto y estructura, que demandan convertirnos en mediadores de su aprendizaje en un ambiente que les ofrezca cariño, retos y límites.

Que debemos ayudarlos a confiar, que sepan que sí pueden y que siempre estaremos a su lado para disfrutar sus logros, maravillarnos con sus hallazgos, acompañarlos y hacer que descubran lo mejor de sí.

Ser profesor diamante, ser profesor casa, profesor hogar, profesor lluvia, profesor viento, profesor agua, profesor viento. Ser para ser lo que se es con la mayor plenitud posible”

Sé.

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